Sobre mí
A decir verdad, nunca fui un niño muy interesado por la informática. No tenía ordenador ni le prestaba mucha atención a ese tipo de cosas; lo único que sí me gustaba era jugar a mi PS4 con mis amigos. Ya más mayor, en el instituto, tuve mi primer periplo con la informática: un compañero y yo decidimos hacer unos pequeños scripts .bat para apagar el ordenador del profesor o para hacer que dijera frases en voz alta. Recuerdo que poder hacer esas cosas me pareció increíble y empecé a interesarme un poco más.
Mis inicios en TI 🖥️
Allá por 2019, tuve mi primera asignatura de “Informática” en el instituto. Allí nos enseñaron lo básico: Scratch, GIMP y un poco de Python. Gracias a esta asignatura (aunque me pasaba gran parte del tiempo jugando en clase), tomé la decisión de dedicarme a la informática cuando terminara el instituto.
Realicé el bachillerato de modalidad tecnológica, aunque lo único tecnológico que hicimos fue crear un coche a control remoto con Arduino. La verdad es que estuve a punto de abandonar el bachillerato y entrar en un grado medio, ya que no le veía sentido a sufrir tanto (Matemáticas), para luego no entrar en la universidad. Esto es algo que cabe destacar: tenía claro que no quería entrar en la universidad. No me gustaba la forma de aprender en esas instituciones y prefería algo más práctico, por lo que tenía claro que haría un grado superior.
La Administración de Sistemas
A la hora de elegir entre los distintos grados de informática —ya que había decidido dedicarme a la ciberseguridad— escogí el de Administración de Sistemas en Red (ASIR). Esta etapa fue muy bonita: hice muchos amigos nuevos, creció mi interés por la informática y sentó las bases de lo que estaba por venir. El aprendizaje fue enorme, gracias a algunos profesores muy buenos y otros no tanto; pero en general, el ambiente fue espectacular.
Las prácticas de formación laboral las realicé en Indra, en el sector de ATM (Tráfico Aéreo). Al igual que en el grado, esta toma de contacto con el mundo laboral me dejó muy buen sabor de boca: unos compañeros increíbles y unos jefes estupendos hicieron de mi paso por allí una experiencia muy positiva. Lo único que me dejó una espina clavada fue haber jugado mal mis cartas. Ya había empezado una especialización en ciberseguridad y, cuando me preguntaron si quería quedarme en la compañía, respondí que quería seguir estudiando. Podría haber sido una muy buena oportunidad para seguir ganando experiencia.
Pero bueno, cero arrepentimientos. Si soy lo que soy actualmente es gracias a esas decisiones. Amor Fati.
El primer contacto con la Ciberseguridad
Aunque en el grado de ASIR tuve una asignatura de seguridad, no fue hasta que inicié la especialización cuando realmente empecé a interesarme por los conceptos que aprendía. Aquí fue donde adquirí el hábito de reforzar lo aprendido en clase con investigaciones personales al margen del curso. Empecé a trastear con distintas herramientas y a realizar mis primeros proyectos.
Una vez acabado el curso, esperaba encontrar trabajo rápidamente, pero vi que esta formación no se valoraba mucho, a pesar de los conocimientos que yo había adquirido. Así que tuve que reinventarme y buscar una solución al problema.
Mi transformación en DevOps
Un buen amigo mío, realizó sus prácticas de ASIR en NEORIS como arquitecto cloud en AWS, y al contarme sobre sus tareas, me picó la curiosidad. Empecé a investigar sobre este sector. Vi que el mundo de la nube tenía un gran potencial de crecimiento, y que probablemente encontraría un hueco en él con mayor facilidad. Estuve buscando cursos y encontré el de Experis Academy, que además incluía el voucher para el examen de certificación AWS Cloud Operator.
Durante la realización de este curso aprendí muchísimo, sobre todo porque era una tecnología totalmente nueva para mí, pero también porque el enfoque era el de la filosofía DevOps. Este rol encajaba con mis gustos y mi formación previa, así que decidí ir a fondo con ello.